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sábado, 10 de abril de 2010

Mis Inicios: Piletas y la Montaña de San Gregorio

La mayor parte de mis progresos en esta afición los he logrado durante el tiempo que llevo residiendo en la localidad de Vecindario, no obstante, mi aventura en esta ciencia se inició en otra localidad de Gran Canaria, más concretamente en el Barrio de Piletas, situado cerca de Tamaraceite, no hace falta decir que toda esta región y poblaciones colindantes tienen un elevado valor histórico, cultural y antropológico, adjunto un link al valioso e imprescindible blog de obligada lectura "Paseando por Tamaraceite" donde Esteban Santana Cabrera recopila la historia de esta magnífica región: http://unpaseoportamaraceite.blogspot.com
Desde niño me ví fascinado por las ciencias, más en concreto la Meteoroloía y en menor medida por la Astronomía al menos por el momento, pasaba las tardes vigilando y disfrutando con los tipos de nubes que osaban pasar por el cielo de Piletas, cuando aparecía alguna tormenta y los cúmulos congestus o cumulonimbos asociados. la fiesta era mayúscula. Todo este aprendizaje de las isobaras, interpretación de los mapas del tiempo así como el Jetstream me sirve hoy en día para interpretar el seeing atmosférico y sobre todo anticiparme a un posible cambio brusco del tiempo que pueda poner en peligro mis equipos.
La información la encontraba "asaltando" los libros y enciclopedias de familiares y conocidos (no existía Internet) recuerdo que comencé con la Meteorología con 9 años , a los 11 fabriqué un barometro casero partiendo de una sopladera (globo) que me indicaba los cambios bruscos de presión atmosférica, un pluviómetro, anemómetro rudimentarios, etc...y así estuve hasta los 13 años hasta que una tarde al poco de oscurecer se me ocurrió coger unos prismáticos que teníamos por casa (Kenko 10X50) y me puse a observar el firmamento sin sacar nada en claro, por lo menos en ese instante. Llegué por primera vez en mi vida de "ciencia" a un punto en el cual me atasqué por que no comprendía lo que veía (enorme desorden de estrellas) y por pura frustación abandoné momentáneamente la ciencia, a pesar de que , por lo menos al observar la luna por lo menos sabía lo que observaba, pero esto no me bastaba y era frustante el hecho de que no encontraba ningún libro ni información al respecto de ordenar ese desorden estelar hasta que prácticamente lo di por un caso perdido y me dediqué a otras cosas más propias de los niños de mi edad.
No obstante en el mes de Diciembre de 1995 volvió a reactivarse de nuevo la curiosidad (ciencia) y decidí ponerle orden o lógica a todo ese desorden estelar al precio que fuese y así pasé varias noches en la azotea de mi casa con los mismos Kenko 10X50 que aún conservaba y conservo, pero por más que observaba y me perdía en ese vacío estelar seguía sin comprender nada de lo que veía y tras dedicarle algunas noches me dije que eso era muy complicado para mí y que como no comprendía lo que observaba no le dedicaría más tiempo. Realmente estaba desilusionado. Pero unos días más tarde el destino me tenía una sorpresa preparada. Mientras cursaba 3º BUP en el Cairasco de Figueroa (Tamaraceite) una fría mañana de Diciembre de 1995, reparo en que se me olvidaron en casa unos ejercicios que se iban a corregir ese mismo día, así que no me quedó más remedio que sacrificar el descanso del recreo e irme a la biblioteca junto con algunos compañeros, donde el silencio sepulcral era su santo y seña. Los ejercicios no eran nada del otro mundo y en 10 minutos prácticamente estaban resueltos, una vez resueltos y mientras se sucedían las bromas risas entre los compañeros, presté atención a los libros que tenía en la estantería de enfrente, reparo en unos pocos clasificados como ciencias naturales pero apartados del resto, me refiero a que el orden de apilado de los libros en esa estantería en concreto era de izquierda a derecha y estos pocos libros estaban uno encima del otro en la parte contraria de la estantería, como si estorbaran o algo parecido, no pude resistir la curiosidad y me acerqué a ver por qué estaban apartados del resto, cuál fué mi sorpresa al ver que uno de esos libros se titulaba "Como observar el firmamento con prismáticos", no podía salir de mi asombro, era exactamente lo que buscaba naturalmente ese mismo día pedí prestado el libro en la biblioteca donde me cedieron el libro en préstamo sin problema alguno, el libro era una traducción al español de un conocido divulgador y Caballero Inglés llamado Sir Patrick Moore, donde explicaba además de conceptos generales acerca de las estrellas variables, dobles, etc... la clasificación de las estrellas más brillantes del cielo por constelaciones, sinceramente una joya, con la ayuda del libro ya comencé a ponerle forma a todo aquel caos de estrellas, para la nochebuena del '95 ya reconocía todas las constelaciones del cielo de Invierno, siendo la de Orión el cazador, la primera constelación que reconocí, pero tenía una limitación, la azotea de mi casa en el barrio de Piletas no disponía de mucho campo de visión, así que no me quedó más remedio que buscar un sitio con un cielo más abierto y poca contaminación lumínica, el lugar elegido: la cercana montaña de San Gregorio, en un principio siempre iba reclutando con éxito amigos y conocidos que tenía por aquellos años, pero hay que entender que a todo el mundo no le gusta esta afición y aunque al principio había mucho entusiasmo, se iban aburriendo poco a poco, algunos confundieron esta afición con el avistamiento de Ovnis y , lógicamente salieron decepcionados, entre tanto durante el transcurso de las semanas pude seguir reconociendo más estrellas y constelaciones con la ayuda de aquél magnífico libro y las buenas condiciones de transparencia que ofrecía por entonces el cielo de San Gregorio en los puntos más alejados de la civilización, sobre todo mirando hacia el sur donde lucían magníficas las constelaciones del Centauro y la esquiva cruz del sur, esta última de forma parcial, los planetas Júpiter y sus 4 lunas perfectamente visibles con los prismáticos (realmente tiene más de 20 satélites), Venus y sus fases, el escurridizo Mercurio inmediatamente tras anochecer, el rojizo Marte y Saturno aunque el anillo era invisible a mis modesto equipo . Poco me duró el "observatorio", lo que tardaron en cansarse los amigos y para ir yo solo pues no me arriesgaba, así que dejé de lado durante un tiempo los prismáticos, unos meses más tarde anunciaron por televisión que para la 2º semana de Abril del año 1996 sería visible el cometa Hyakutake, cerca de la estrella Arturo, todo un hito por lo cerca que pasaría de nuestro planeta, ya reconocía esa estrella y por este cometa volví a coger los prismáticos de nuevo y aguardé pacientemente a que se retiraran las nubes esa noche de máximo acercamiento que, para más señas era Viernes y, ciertamente fué todo un espectáculo, a simple vista se veía enorme con su brillante cabellera y su gran cola, no cabía en el campo de los prismáticos y se me quedó una huella que no me abandonaría nunca, esta era mi afición y decidí en ese momento dedicar bastante de mi tiempo libre a recopilar información y comprender los fenómenos y la mecánica celeste y, como no, en base a los conocimientos que había adquirido previamente, a comprender el clima de la zona, para poder decidir que días y qué condiciones eran más apropiados para observar, predecir la llegada de algún fenómeno adverso, etc. obteniendo conclusiones bastante interesantes del microclima de la zona. Unos meses más tarde allá por Junio de 1996 nos mudamos a la parte Sureste de la isla y aquí he seguido evolucionando en el aprendizaje esta ciencia, ahora mismo ya dispongo de varios telescopios, prismáticos gigantes, cámaras, etc....aunque de esto hablaré en otro capítulo. Pero jamás podré olvidar mis primeros pasos en la materia el tiempo que residí en el Barrio de Piletas.